Aprender en alemán, sentir en uruguayo
- Micaela Moreira
- 15 feb
- 3 min de lectura

Si bien es verdad que solo emigré por un año, en este corto tiempo siento que cambié mucho. Supongo que es verdad eso que dicen de que un año en el extranjero equivale a cuatro años en nuestro país.
De forma inconsciente, creo que el principal motivo detrás de mi viaje fue ponerme a
prueba; ver si podía estando realmente sola en otro país. Ya había vivido sola antes, pero siempre con una red de contención. Necesitaba ver cómo me las arreglaba por mi cuenta. Y pude. Se me presentaron problemas de todo tipo durante estos meses: fui cerrajera, plomera, técnica de redes y hasta un poco electricista (bad memory). Algo tan simple como ir al médico o a una oficina gubernamental para hacer un trámite era una odisea, más cuando las personas que me atendían no hablaban inglés. Pero lo hice; no tenía alternativa, no iba a venir alguien más a hacerlo por mí.
A un nivel más profundo también cambié un montón. Me vi obligada a tener paciencia, y ¡qué difícil fue! Yo no nací con paciencia; al contrario, siempre me costó muchísimo esperar a que las cosas pasen. Soy más bien del tipo de persona que hace que las cosas pasen, pero Alemania me enseñó a ser paciente y a entender que todo llega cuando tiene que llegar. De la mano con la paciencia vino el aprender a convivir y a abrazar los imprevistos, a no tener todo controlado y a cambiar sobre la marcha.
Yo necesito tener calculado hasta el más mínimo detalle, especialmente si de viajes se trata. Durante esta experiencia planeé tres viajes a otros países: República Checa, Dinamarca y España. Ninguno fue como lo planeé, incluso desde antes de llegar. Por diferentes motivos me vi obligada a cambiar fechas y duraciones, pero todo salió bien de igual forma.
¿Qué más? Bueno, mi país. Siempre estuve orgullosa de Uruguay y celebro nuestras tradiciones: el mate, el candombe, un buen asado. Pero desde que llegué a Alemania, sin planearlo, siempre que hablaba con alguien nuevo mi único objetivo era mostrarle toda la belleza de Uruguay. Me inundaba de orgullo cuando del otro lado veía que gustaban nuestras costumbres. Como con Zoe, cuando le mostré por primera vez una murga: no entendía lo que estaban cantando, pero sí entendía el arte que había detrás. Es que no somos conscientes, pareciera, de todo el talento que tenemos en nuestro país.
No solo con Uruguay me pasó, sino con la región entera. Cada ataque que veía hacia América Latina lo tomaba personal; si habré llorado con la presentación de Bad Bunny en el Super Bowl (y eso que no soy fan). Yo elegí irme de Uruguay, por suerte solo por un tiempo, pero aun así fue doloroso por momentos. No me quiero imaginar el dolor de aquellos que no tienen otra opción más que irse de sus países por culpa de hombres jugando a la guerra.
Este texto no tiene la intención de ser político, pero ¿qué no es político en estos días? No pretendo hablar de política, pero el arte siempre fue la manera en que el mundo grita lo que le sucede, y escribir es mi forma de ser parte de ese grito.
Yo quería conocer otro mundo. Nunca vine con la idea de ahorrar mucha plata y volverme; yo solo quería viajar, conocer, abrir la cabeza. Y lo logré. El destino es sabio: me dejó quedarme gratis en lugares hermosos a cambio de pasar tiempo con animales y conseguí un trabajo temporal que me permitió mantenerme por el resto de mi visa, dejándome un margen amplio para solo viajar dentro de Alemania, que fue lo que más hice. Me llevo conmigo incontables ciudades y pueblitos. Es que realmente no había otra forma de vivir esta experiencia para mí que no involucrara perros y viajes.
La Micaela que dejó Uruguay en mayo del 2025 no es la misma que vuelve en 2026. En esencia sí, pero cambiaron muchas cosas. Cosas que solo pueden cambiar cuando estamos dispuestos a abrir nuestra cabeza y salir de nuestra zona de confort, física y mental. Hoy tengo más confianza en mí; sé de lo que soy capaz.
Cierro este ciclo con la certeza de que el mundo ya no me queda grande, y con la tranquilidad de saber que, aunque el plan falle, siempre voy a saber cómo encontrar el camino de regreso.



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